Ébola (evualá)

Creo que hay gente que ni a sus veinte, ni a sus diez, ni a sus cuarenta, ni a sus sesenta se ha parado a pensar en cómo debe ser haber nacido en el tercer mundo. El dolor que debe soportar una madre que ve morir a sus hijos, hijos que nacen y se convierten en huérfanos antes del primer año de vida, pánico ante la fiebre que puede significar cualquier cosa, convivir con el miedo, temblar al ver un mosquito y saber que su picadura puede ser mortal al cabo de unos meses, sufrir y morir sin saber que dos calles y unos cuantos miles de kilómetros más al norte, existe una cura para casi todo, que una diarrea no ha de ser mortal, que la vida puede ser algo más que dolor y hambre.

Y de repente, el Ébola. De repente dos españoles se contagian y han de venir a España a ser tratados. Porque ellos sí que importan, porque ellos son un número, un dni, un votante, un cotizador, un humano de clase superior. No importa que seas un hijo, un hermano, un padre, un amigo; necesitas un color de piel, necesitas estar registrado en algún ordenador como ser vivo que merece que un poder o gobierno gaste tiempo y dinero en intentarte proteger.

Y, de repente, una auxiliar de enfermería infectada. De repente pánico. De repente todos sentimos ese nudo en el estómago, ese terror al imaginar España asolada por el ébola, al imaginarnos la angustia de estar infectados de algo que no tiene cura, algo que nos va a hacer sufrir hasta morir reventando por dentro. De repente miedo.

Durante unos días, todos somos tercermundistas. Luego pasará, y volveremos a acampar enfrente de una tienda apple para conseguir los nuevos cascos inalámbricos del iPhone 6.

Y, ¿de repente? No. DESDE SIEMPRE, unos kilómetros más al sur, seguirán viviendo, sufriendo y muriendo esos seres distintos a nosotros, que no tienen miedo, que no sufren, que no lloran, que no entienden, que no valen. El Ébola volverá a donde debe estar, y los seres humanos de verdad volveremos a nuestras vidas.

Como dijo grou: “Paren el mundo que me bajo.”

A lo mejor el ébola es el réset que necesitamos.
Y merecemos.