– kamikazes –

Cuando te juro que todo lo que necesitaba para poder dormir era tu cabeza encima de mi pecho. Echar un vistazo hacia abajo y ver tus ojos cerrados, mover la mano y enredarla con tu pelo, parar de respirar y notar tus latidos en mi cuello. Cuando me movía para rescatar uno de mis brazos y me apretabas instintivamente en sueños, para que no me fuera a ningún sitio, supongo, y yo te acercaba a mí, con amor, con felicidad, con pena. Porque sabía que me acabaría yendo, que llegaría la noche en que en un descuido me dormiría sola sin darme cuenta. Y sería el principio de todos los finales, porque me bastaba entender que no te necesitaba para saber que no quería algo tan bonito y tan doloroso cerca de mí si no era imprescindible. Eras una bomba. Una granada con la anilla quitada que no llegó a explotar. Algo que podía destruirme con una palabra o un pestañeo. Y ahí te tenía, durmiendo entre mis brazos. Moviéndote en sueños en los que, estoy segura, te veías conmigo de aquí unos años. Porque “no voy a dejar de quererte nunca, idiota”, me decías sonriendo. Y nunca te pude creer, amor, porque creía y creo que todos son como yo. Incluida tú. Y al final me pudo el miedo. Y te alejé. Me alejé.
Y ahora duermo sola, sin abrazarme a nada; o duermo acompañada, dejándome abrazar, siendo la bomba de otra persona. Ahora (no te lo vas a creer) duermo casi sin moverme, bocarriba, para contrarrestar tu manía de dormir bocabajo. A veces me despierto y vuelvo a dormirme entre lágrimas, o jadeos, o gemidos; pero sin moverme me vuelvo a dormir. Sin moverme. S-i-n m-o-v-e-r-m-e. No quiero rozarte. No quiero despertarte. No quiero tocarte. Porque en cualquier momento vas a explotar, y no podré soportarlo.
Y vivo durmiendo. No me atrevo a abrir los ojos y mirar hacia abajo, porque tengo la extraña sensación de que vas a estar ahí, abrazada a mí. Y en ese preciso instante me daré cuenta de que era yo la que te apretaba para no dejarte ir, y no al revés.
Y entonces me acercaré a besarte.
Y me acordaré de que fui yo la que tiró de la anilla.
Y será demasiado tarde.
Y explotarás.
Y tardarán años en juntar todos mis pedazos, y aún cuando lo hagan se darán cuenta de que no ha servido de nada, que ya no estoy ahí.
Porque yo morí hace mucho, mucho tiempo,
mientras dormía contigo.

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