Ojalá que tengamos cojones.

Propongo una cosa. La propongo aunque sea irreal, aunque nadie vaya a hacer nada luego. La propongo porque me gustaría tener los cojones de cumplirla.
Quiero que nos indignemos. Nosotros, los jóvenes. Pero no quiero un 15-M, no quiero sentadas pacíficas, no quiero recibir palos una y otra vez con las porras de siempre.
Cuidado, no quiero que nos indignemos por nosotros. No quiero que nos enfademos por no tener futuro en nuestro país, no quiero que salgamos a la calle porque no podemos completar nuestros estudios, no quiero que gritemos con la rabia del que se ve abocado al fracaso. Esta vez no. Quiero algo diferente, algo que nos salga de dentro.
Quiero que miremos a nuestros padres. Que los veamos día tras día. Los que hace diez años nos mandaban a la cama antes de las once. Los que nos podían llevar al cine, los que nos podían llevar de vacaciones, los que podían pedirle a los reyes magos casi todo lo que quisiéramos. Ellos, los que han trabajado, con o sin estudios, para sacar a sus hijos adelante. Quiero que los miremos. Y quiero que nos llenemos de odio, de rabia. Quiero que nos empapemos de su sufrimiento al no poder llegar a fin de mes, de su impotencia, de su depresión, de su desesperación al verse afectados por un ERE, por una reducción de sueldo, por un aumento de horas, por un despido improcedente, por un ”te cambio la vida a los 55 años y ahí te quedas, trabajador.” Quiero que lloremos al verles los ojos por la noche e intuir que han estado llorando ellos. Quiero que seamos los fuertes, por una vez, nosotros. Sus hijos, los que tienen la fuerza y la locura de la juventud, los que tienen la vida por delante, los que se la debemos a ellos.
Y después, salir. Salir a comerse a quien se ponga por delante. Salir a ver a cuántos hijos salimos por cada porra; salir a ver si algún hijo de la gran puta, algún ladrón o algún corrupto es capaz de pararnos. Y esta vez no con la rabia egoísta, no con la rabia de un futuro que no sabemos si va a llegar. Esta vez hacerlo con la ira, las ganas más primitivas de hacer sufrir a todo aquel que ha hecho que la vida de quien ha hecho más por nosotros que NADIE EN EL MUNDO se haya convertido en una continua angustia.
Y que arda Troya. Que arda España. Que ardan todos ellos con nosotros.
Porque nuestros padres se enfrentarían a cualquiera que nos hiciera sufrir así, sin importar las consecuencias.
Porque mi padre mataría por mí.
Porque mi madre iría a la cárcel por mí.
Porque los vuestros también.

Y ojalá que tengamos cojones

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