Inoportuna.

Y una noche me pidió (Poniéndome ojitos de pena)

Que parase el corazón, que no escribiera poemas.

Entonces prometí yo, (intentando ser la buena)

Que sólo los compondría siempre y cuando no me viera.

Dijo que no eran verdad, 

que no podían ser por ella,

Y entonces la analicé

Y vi brillar su barrera.

“No son todos para ti, 

hay tres para tu sonrisa.”

Y entonces me sonrió,

Y esas sonrisas se avisan.

Empecé a manchar libreta,

Y puse sobre la mesa 

las mentiras, según ella, 

que más verdad me parecen;

las mentiras más bonitas

que he creído en muchos meses.

Le dije algo de su pelo,

También le hablé de su espalda, 

De mis dedos en su cuello

Y de que vuelo con su falda.

También escribí un futuro,

lleno de besos (y perros)

No sé si para un segundo

O si para seis febreros.

Y no rompo más promesas, 

porque sé que no está bien,

Pero éste es el único pacto

Que vas a dejarme romper.

Porque tienes ese algo,

Porque sé que puede ser,

Porque lo hago entre tus ojos,

Tu sonrisa 

y mi papel.

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